jueves, 31 de diciembre de 2009
Se va, se va, ça va.
jueves, 15 de octubre de 2009
Regreso a las mismas
sábado, 25 de julio de 2009
Messier, sexier
martes, 14 de julio de 2009
El blogeo en tiempos de la influenza
Parece que nadie ni nada se salva de la pandemia...
jueves, 18 de junio de 2009
El fin, al fin
En fin, al menos ahora no me siento tan pendejo; incluso en algún momento podría sacar a relucir mis conocimientos de los principios Keynesianos...eso, claro está, si no los he olvidado para mañana al mediodía. Es que a las mujeres les encanta alguien interesante, con tema de conversación...
Hablando de otra cosa que tiene mucho y nada que ver, veo con frustración que justo ahora ir a Islandia es la mejor opción. Ahora sólo es muy caro (ya no prohibitivamente caro), pues justo su sistema bancario colapsó a raíz de la crisis, con lo que la corona islandesa (ISK) se devaluó más de 100 por ciento en cuestión de un par de meses. Lástima que estoy literalmente del otro lado del mundo, y que ir implicaría poco menos que vender un riñón...
Hace rato leía sobre un tipo que pensaba poner esta canción de Sigur Rós en su boda. Y después de escucharla unas cuantas veces, he quedado encantado con la idea… hasta pensé en robármela. Suponiendo, nuevamente, que i) me case, ii) que encuentre a una persona que no me cachetée cuando lo sugiera (no vaya a ser que quiera bailar timbiriche o una mierda similar, en cuyo caso YO sería el que tendría que cachetearla...), y que iii) esté dispuesta a pasar una luna de miel viendo la aurora boreal.
¿Será demasiado pedir? Probablemente sí…
Aunque teniendo el mismo rango que He-Man, todo podría pasar. Sólo el tiempo lo dirá.
martes, 9 de junio de 2009
El príncipe de los cocodrilos
martes, 26 de mayo de 2009
Esa época del año (otra vez)
lunes, 4 de mayo de 2009
Back to Mine
- South Park es la mejor caricatura por MUCHO, pero tantas referencias son peligrosas, se vuelve algo adictivo y excluyente. La gente puede llegar a pensar que uno es muy inmaduro.
- Tengo un don para imitar a la gente. Eso ya lo sabía, pero acá nadie lo hace (son demasiado polite) y debo tener cuidado pues podría herir susceptibilidades.
- Sydney es una ciudad realmente espectacular (y qué decir de sus mujeres...) y debería ir más seguido, definitivamente.
- Las buenas personas pueden hacer cosas malas, si las circunstancias son propicias. En particular las que incluyen celos y frustración (ya luego verán por qué lo digo).
- Amigos hay muchos, pero son pocos con quienes tienes una conexión especial. Voy a extrañar al desgraciado italiano Lillo, compañero de numerosas (y heróicas) batallas.
- Si una mujer te pide honestidad, no siempre significa eso. También puede significar que no quiere enterarse de lo que podría no gustarle. Y como yo soy muy honesto y además no sé mentir, que se aguanten.
- Ser mexicano en Australia abre muchas puertas. No entiendo por qué no la apliqué desde un inicio.
- Mi nombre suena mucho más chingón en español y a la gente le gusta más (aunque no lo puedan pronunciar). Se dice Rodrigo, no Roh-dri-gou.
- Para terminar, la más importante de todas: hay una palabra, en apariencia inofensiva, más poderosa que la espada y la pluma juntas. Esa palabra es Lambrusco.
domingo, 19 de abril de 2009
Un gran hombre
Mi corazón no tiene más que gratitud en este momento. No hay lugar para ninguna otra cosa.
jueves, 9 de abril de 2009
Eple
Si alguna vez un gringo loco recorrió miles de kilómetros arrojando semillas de manzana en el camino, no veo por qué, doscientos años después, un mexicano loco no pueda recolectarlas, ganando con ello miles de dólares...
domingo, 22 de marzo de 2009
Fire on the hemisphere below!

martes, 17 de marzo de 2009
Deux années sans lumière
Ardilla

Lo acepto, me hubiera encantado ir al maldito concierto de Radiohead, al de Keane, BRMC, REM, y tantos otros que seguramente hubo en los últimos ocho meses y de los que prefiero no enterarme.
No sé si sea bueno eso de estar de ocioso en youtube porque estuve viendo unos videos de la última vez que estuvo Travis en el Palacio de los Rebotes, un concierto muy intenso, y me dieron ganas de llorar cuando escuché The Humpty Dumpty love song...
Al margen de lo anterior, pido una disculpa por ser tan repetitivo con este tema de los conciertos; la verdad he estado muy falto de inspiración últimamente (aunque esto es más que evidente). Un sentimiento de impotencia se ha apoderado de mí en últimas fechas: Míster Atascado tiene ya 530 discos en su colección, y aún así siento que me falta muchísimo por escuchar, muchísimo que aprender, admirar y atesorar.
Pero no todo está perdido: todavía puedo recomendar un par de cosas que me han mantenido a flote en estas últimas semanas: Animal Collective y Death in Vegas (escuchar una canción llamada Dirge, el soundtrack perfecto para un momento de inspiración o pérdida, cada quién decida).
Mientras tanto, ya pensaré en algo más para quejarme. Es mucho más divertido.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Win some, lose some. And then hate some more.
domingo, 1 de marzo de 2009
Historia de cuatro ciudades
Apenas pasaba de las cinco de la mañana, comprobé que Aventura tenía razón pues casi no dormí nada, y para no variar, el aeropuerto ya estaba hasta la madre de gente. Una gran proporción de la gente era, no sorpresivamente, pochos volviendo de regreso a EEUU. Y como buenos mexicanos, todos voltándonos a ver, intentando adivinar hacia dónde se dirige cada quién. Al parecer a todos les encanta la idea de sentirse importantes por estar haciendo cola en la terminal internacional, como si entre más largo sea el viaje, más derecho tenga uno de barrer a los demás... no pude evitar notar las caras de quienes estaban a mi lado al ver la etiqueta en mi backpack que leía "Qantas premium hand luggage": -qué pendejos, se les olvidó poner una u después de la q...-

Segunda parte - Go west
Mucho qué hacer, mucho qué caminar, nada con qué tomar una maldita foto. Buena la hiciste, aunque ese chilli dog hizo que se te olvidara todo, ¿verdad?
Como sea, afortunadamente los pobladores de la ciudad no hicieron honor a la famita de la misma. Y un gran clima por cierto, justo como te gusta, soleado y templado.
Tercera parte - Ain't no easy way
Pobre Rodriguito, la inevitable chinga de un vuelo transatlántico de catorce horas y media. Lo bueno es ese modo de viaje que adopta con tanta facilidad, sólo con la ayuda de uno de esos antifaces que dan en los aviones y con ayuda del cual durmió por lo menos nueve de esas horas.
Al llegar a Sydney, sin embargo, y ya en estado de completa vigilia, las pesadillas apenas comenzaban en su mundo. Toda esa planeación que le daba poco más de una hora para pasar por migración y cuarentena antes de abordar el camión que lo llevaría a su destino final se fue básicamente a la chingada por tantas cosas completamente fuera de su control, y contra las que ciertamente su carisma poco podría hacer para hacerlo salir airoso.
Para empezar, tuvo un inexplicable e inédito problema con su visa, que al parecer tenía un número diferente al del pasaporte. Aparte de criminales, ineptos. Y lentos pues tuvieron que pasar no menos de veinte minutos para que la situación quedara resuelta. Ya para entonces, con un ojo en el carrusel del equipaje y otro en el reloj, fue como si prendieran la calefacción en aquella sala. Una interminable cola de personas esperando ser inspeccionadas hacían sospechar que los escasos diez minutos para la salida programada del camión a Canberra eran demasiado poco. No hubo de otra: como buen chilango, se las arregló para meterse a la cola. Y con ello, acelerar un poco su caída a un círculo inferior del inframundo del hemisferio sur.
Justamente ese día los inspectores de la cuarentena se encontraban de un humor muy juguetón; para desgracia de nuestro agotado viajero, el juego del día se llamaba vaciemos-las-maletas-de-los-que-vengan-de-México-cargando-meses-de-provisiones-y-dulces-en-polvo-blancos-sospechosamente-similares-a-la-cocaína. Él no tenía demasiadas ganas de jugar pero en esas circunstancias uno tampoco va a quedar como un cobarde sacatón, así que ni hablar. No sólo aceptó gustoso, sino que también sugirió otro aún más divertido: les-apuesto-a-que-vuelvo-a-guardar-todo-lo-que-me-acaban-de-sacar-de-las-maletas-en-un-par-de-minutos-porque-me-deja-mi-camión.
Después del lúdico intercambio, Rodrigo corrió como loco, arrastrando y no rodando aquella asquerosa maleta de treinta y tantos kilos cuyas ruedas habían por supuesto valido madres.
Ahhh pero el camión seguía ahí, y qué bueno porque si no se hubiera tenido que esperar tres frustrantes horas en el aeropuerto a que partiera la siguiente corrida. Para entonces venía hecho sopa, con un nivel de estrés equivalente al que hubiera experimentado si efectivamente el contenido de aquel botecito tuviera un valor en el mercado de unas cuantas decenas de miles de dólares. Ni siquiera reparó en el hecho de que, por ser el último pasajero en abordar, le tocara sacarse la rifa del tigre: ir al lado de un gordote, uno de aquellos que se las ingenian para desparramarse hacia el otro asiento sin importar que haya un posa brazos de por medio. Aunque a esas alturas, eso poco importaba pues lo único en su mente era una gran sonrisa, que se extendía de lóbulo a lóbulo.

Cuarta parte - Roll with it
Todo transcurrió sin mayores incidentes en el camino a Canberra. Si acaso podríamos mencionar que durante un arranque de pasión, cuando yo y mis galletas nos disponíamos a consumar una relación carnal (¿o sería harinal?), nuestro voluminoso compañero nos echó unas miradas anunciando sus ganas de comernos en el acto. Nos separamos casi en seguida. No queríamos seguir incitando celos ni envidias a nuestro alrededor. Si lo sabe dios, que no se enteren los gordos -pensamos-. A continuación, Z y yo intercambiamos algunas bonitas palabras, hasta que ella accedió a cantarme al oído mientras yo caía, agotado, en un profundo sueño.
Un par de horas después finalmente llegamos a la gran capital, aunque para entonces mi relación con mi maleta azul se había deteroriado drásticamente, llegando al punto de querernos ahorcar mutuamente. Como se rehusaba a moverse del todo, de las greñas nos fuimos, muy lentamente recorriendo la cuadra y media que nos separaba de nuestro destino final. Unos veinte minutos después abrimos la puerta, completamente exhaustos pero satisfechos.
Como muchos podrán imaginar, ese día nadie quiso cocinar. Simon y yo fuimos a comprar algo para comer.
Aguanté despierto hasta la noche; cuatro ciudades en treinta y ocho horas pueden resultar demasiado para mi cuerpo. Pero no para mi inquebrantable espíritu...

viernes, 20 de febrero de 2009
Última llamada
Un post express
Alguna de Juan Gabriel, definitivamente.

domingo, 15 de febrero de 2009
Uno-cuatro-cero-dos-cero-nueve


miércoles, 11 de febrero de 2009
Losing touch
lunes, 9 de febrero de 2009
Un día como aquellos
miércoles, 4 de febrero de 2009
Not quite right
martes, 27 de enero de 2009
So here we are... again
A la mañana siguiente, descubrí unas grandes quemaduras en mis brazos, opuestas a los codos. Aunque seguí las ñoñas recomendaciones de los anuncios que pasan en la tele (“there’s nothing healthy about a tan”) y me puse bloqueador cada 2 horas, el sol no perdona en el hemisferio meridional. Como sea, no había dolor lo cual es suficiente para mí.
Los 2 días siguientes transcurrieron como debían, esta vez con mi cuate Powell, en verdad un tipazo que por algunas razones no pudo estar presente el viernes. Pero pensándolo bien, no estuvo tan mal porque al menos tuve algo qué contar ese día.
Sin embargo, cuando estuvimos en la Margaret Court Arena viendo a González despachando a Gasquet en 5 sets, vi que le iba al hombre equivocado. Shame on you… como sea, fuimos testigos de un grandísimo juego que duró más de 4 horas, desde un lugar realmente privilegiado. Definitivamente, asistir al Australian Open es comparable con el ir al concierto de un buen músico, pues pagando una bicoca uno puede estar horas y horas al borde del asiento. Una experiencia única y memorable.
Lo que pasó al final, sin embargo, liberó más adrenalina de mis glándulas que horas y horas de tenis: al llegar (rayando por supuesto) al aeropuerto, nos informaron que nuestro vuelo estaba retrasado una hora. Nada grave, pensé, aunque una ligera mancha de preocupación invadió mi ser: tenía que llegar a Canberra esa misma noche pues tenía que empacar para irme temprano al día siguiente a Sydney y de ahí tomar el vuelo que daría inicio a mis vacaciones en nada menos que mi hometown (ingrato y pretencioso, ahora que lo pienso). Al final, hora y media después de la supuesta salida del vuelo, nos informaron que éste había sido cancelado, lo cual como podrán imaginar, casi me provoca un infarto y unas ganas tremendas de llorar. Todo se derrumbaba ante mis ojos; ese boleto que había cambiado 3 veces, el camión pagado por anticipado, el conteo regresivo que llevaba desde hacía 2 semanas. En fin, una verdadera catástrofe que los 140 dólares que nos ofrecieron para cubrir el hospedaje de esa noche no eran capaces de cubrir.
Historia larga, post (relativamente) corto: al final tuve que comprar otro boleto de avión para llegar a Sydney, dormir menos de 4 horas en un muy mamón Hilton, y cruzar los dedos para que el vuelo de la mañana siguiente sí saliera a tiempo, lo cual no ocurrió. Así que al final tuve que empacar en cuestión de 40 minutos y regresar en friega al aeropuerto, sin siquiera una oportunidad de bañarme ni rasurarme. Y sí, sus sospechas son ciertas: olvidé sus regalos, los que tanto trabajo me costó elegir. Como sea, eso me sirvió para batir una especie de récord que espero que exista, pues tuve que tomar 5 vuelos en un mismo día: el vuelo de regreso más nefasto en la historia del universo.
¿Pero saben qué? Al menos redescubrí un par de canciones que me llenaron el alma de cosas bonitas, muy necesarias en aquellos no tan distantes momentos de estrés y furia, y la verdad esperaría que hagan lo posible por escucharlas al menos una vez poniéndose en mis zapatos. Lo que uno agradece en esas circunstancias…
1) Arms of love, original de Robyn Hitchcock, reinterpretada por R.E.M. Una canción genial que me llega directo al corazón, sin importar dónde, ni cómo, ni cuándo.
2) When they ring the golden bells, original de no-sé-quién, reinterpretada por Natalie Merchant y Karen Peris. Simplemente hermosa, llena de esperanza, interpretada por 2 de las voces más emotivas que he escuchado en mi vida. Ese momento a los 48 segundos me derrite las entrañas…
Gracias.
Game, set, catch...
Todo comenzó hace exactamente un mes, cuando por flojos y desidiosos no compramos unos ciertos boletos que me hacían salivar. Después de una increíble cantidad de cambios e imprevistos, el plan original quedó casi deshecho, pero simplemente no había poder humano que me hiciera desistir.
El viernes pasado tenía un vuelo que tomar demasiado temprano, lo que implicaba estar en una cierta parada de camión a las 7.10 am. Por increíble que pudiera parecer, sí llegué a tiempo, aunque sólo para ver cómo el camión que supuestamente se encargaría de llevarme al aeropuerto se alejaba lentamente de la bahía número 6… Aunque todo se quedó en un buen susto, pues por alguna razón el camión dio la vuelta a la manzana y regresó a subir pasaje.
En fin, el resto del trayecto a Melbourne transcurrió sin incidentes; del aeropuerto directo a Melbourne Park, sin tiempo para escalas, más que para comprar un muy necesario Red Bull y una botellota de agua. Al llegar a una estación cercana en Flinders St., de donde salían tranvías gratis hacia el complejo tenístico, el ambiente (o debería decir el gentío) se empezó a sentir. O al menos lo supongo, pues yo estaba tan emocionado que estaba pensando en otras cosas.
Un par de penosos incidentes me hicieron comprender que la reventa NO es ni legal ni bien vista en Australia, así que entré a Melbourne Park, dirigiéndome inmediatamente a la Margaret Court Arena, donde estuve viendo un buen partido hasta que un vistazo al reloj me hizo darme cuenta de que habían pasado casi 3 horas. En fin, supongo que no a muchos les interesan los detalles de los partidos que me tocó ver, así que penosamente relataré una anécdota que pasó horas después, graciosa a la distancia, pero que no lo fue tanto en ese momento.
Berdych jugaba contra Wawrinka, un partidazo de tercera ronda que, por alguna inexplicable razón, no llenó ni siquiera a la mitad el estadio. Bueno, claro, la no tan inexplicable razón se llama Roger Federer, que jugaba horas después contra Safin. En fin, el caso es que yo tenía un excelente lugar en las gradas, donde al cabo de un rato la sección en la que me encontraba se vació prácticamente. Yo tenía el tiempo contado, pues tenía que irme antes de que el transporte público dejara de funcionar. Un buen partido de tenis, bastante entretenido, pero justo cuando el cuarto set empezaba y yo ya miraba nerviosamente el reloj, algo raro (por no usar otra palabra) pasó: un cabrón vino a sentarse justo a mi lado, cuando había decenas de lugares vacíos a mi alrededor. De reojo podía sentir su mirada, bastante obvia diría yo, expectante, agresiva, intrusiva. Hasta ese momento, yo ni siquiera me había atrevido a mirar en su dirección, y no había mucho que pudiera hacer pues uno no puede levantarse de su asiento hasta que los jugadores cambian de lado, lo cual pasa cada 10 minutos aproximadamente. Como ya tenía que irme pronto, esperé ansioso el momento de huir.
El momento llegó, salí por patas. Atravesé la puerta de acceso, sonriendo triunfante. Caminaba hacia la salida cuando súbitamente, volteando hacia atrás, vi algo que me dejó paralizado: el tipo se había levantado también y me estaba siguiendo! Apuré el paso, y ahí seguía. Decidí frenarme y encararlo, con cara de OLVÍDALO, NO MAMES. Al menos no tenía la cara de enfermo depravado violador de menores que hubiera imaginado; más bien se veía bastante normal (de hecho le daba un aire a Dane Cook). Y como buen primermundista, no sacó una navaja para amenazarme, simplemente aceptó su suerte de mala gana dando la media vuelta. No pude evitar soltar una carcajada: el Australian Open tiene ABSOLUTAMENTE de todo.
Caminé hacia afuera, contemplando la Rod Laver Arena a la distancia. Tomé el tranvía y me fui directo a dormir, sin cenar como originalmente había pensado: se me había quitado el hambre por completo.
viernes, 16 de enero de 2009
Du, levande
sábado, 10 de enero de 2009
Sense overload
Ustedes disculparán la demora, pero ha sido un período desgastante en muchos sentidos. Este debería ser un momento de epifanía, pero por muchas razones, no puede serlo. Hay demasiadas cosas atoradas en mi humilde cabecita. Ha sido un tiempo de mucho estrés, por razones que, espero entiendan, no puedo divulgar, pero a la vez ha sido una gran oportunidad de iluminación y de sobrecarga sensorial que van más allá de mí.
Apenas ayer regresé de Sydney; así es, decidí regresar, justo ahí, después de vivir una experiencia breve pero increíblemente esperanzadora. Una experiencia que me trajo grandes cosas: energía, perspectiva y vayan ustedes a saber cuántas cosas más. Lo que a DJ Chachalaca le produce una merecida carcajada de gusto, a mí me merece muchísimas otras cosas, muy difíciles de describir. Me contraria mi adolescencia de lenguaje, pero me satisface el balance innegablemente positivo… sé de dónde vengo, y sé cuál es mi destino.
Por una parte, Sydney contiene lo que para muchos sería la vida perfecta: cosas qué hacer, personas qué conocer, lugares por visitar. Pero me he dado cuenta tras esta más reciente experiencia, que todo se reduce a lo que uno vive y siente. El lugar se vuelve un factor secundario, pues, volviendo a lo mismo, uno absorbe y utiliza lo que vive por sí mismo sin importar el dónde ni el cuándo ni el cómo. Ahhh, y si a eso le añadimos el puto calor y la humedad, no resulta tan atractivo. No pretendo ser injusto, pues en verdad es una ciudad encantadora, donde el estilo de vida permite, si no exige, pasar tardes en playas increíbles, contemplando a las mujeres mejor formadas en este mundo. Pero de todos modos, todo eso es una distracción solamente…
Ahora, de vuelta en la capital (lo que a muchos le sonaría como fanfarronería pero acá es todo lo contrario), la vida es mucho más simple. Mi depa sigue exactamente como lo dejé, aunque yo esperaba que Simon hubiera regresado para arreglar el internet. Como sea, es un tiempo que he tomado para detenerme un momento de varios días, y pensar en todo y en nada a la vez. Evidentemente no hay lo que en Sydney, pero esto es lo que yo llamo hogar, y me gusta. Es una cuenta regresiva, aunque para qué, ya no lo sé. Por lo pronto, he sido bendecido con el mejor regalo posible, pues pasan el tenis en 3 canales simultáneamente, y eso me llena de alegría: al final de cuentas, este es un noble país.
Mi mente y mi corazón se encuentran llenos de cosas buenas. Y me siento afortunado.
Y ya pronto llegará mi día…
viernes, 2 de enero de 2009
Fuegos de artificio

Un abrazo a todos.