
viernes, 29 de agosto de 2008
My kingdom for a song

miércoles, 27 de agosto de 2008
Macgyverismos a la australiana

jueves, 21 de agosto de 2008
Temo, ergo sum

Ya no sé qué más decir. Qué miedo...
lunes, 18 de agosto de 2008
One more with feeling

viernes, 15 de agosto de 2008
Who's Katie, anyway?
lunes, 11 de agosto de 2008
AFK-4446


Al fin tengo de nuevo una credencial de estudiante, que muchas veces me hubiera servido en México. Pero no hace tanta diferencia, porque te atoran de todos modos. La tarifa de estudiante era la bicoca de 8 dólares...
Sin más, entré, una sala bastante grande (y bastante más cómoda que la de la Cineteca, que parece haber sido diseñada para personas de 1.50 m o menos), y una asistencia mucho mayor a la que hubiera imaginado. Aunque si lo pienso, es George Lucas, y eso vende lo que sea. Hasta yo compré.
Hasta una breve introducción nos ofrecieron (lo cual explicó que hubiera un tipo sentado en la esquina de la primera fila unos minutos antes del inicio), blablabla a visionary film blablabla revolutionary blablabla we apologise for not having the 35 mm version (not that I gave a fuck either)...
Un inicio bastante interesante, innegablemente setentero, con un sentido del humor ácido que me cautivó, a pesar de estar presente sólo a cuentagotas. Un tema futurista, ubicado en el s.XXV, que confirma la aparente ingenuidad de quienes se atrevieron a predecir cómo sería el futuro lejano. Y que si uno no se quita todo ese bagaje cultural, podría ver como una avalancha de clichés. Y no es que no lo sea, simplemente no es una avalancha, es más como una llovizna.
Efectivamente, tampoco es que Lucas sea el Hitchcock de la ciencia ficción. Acude al muy replicado ambiente (1984 fue publlicado 22 años antes) de la sociedad-súper-autoritaria-cero-privacidad. El héroe capaz de ver más allá de las normas sociales, que se rebela y arma un desmadre. En ese sentido, nada nuevo bajo el sol. La gracia de todo esto radica en la estética de la ambientación, un "minimalismo atascado" à la redneck.
Sea como sea, una película interesante pero ohhh sorpresa, en ese momento me di cuenta de que mi sesión de sauna de hacía un rato no fue la mejor idea. Me avergüenza decirlo, pero confieso que hubo algunos lapsos de la película en los que me fue imposible mantener los ojos abiertos. Digo, tampoco es que me perdiera demasiado.
Un botón más como muestra de la tendencia deshumanizadora, que es hacia donde parecen apuntar todas las hipótesis sobre cómo irá a ser el futuro. Al principio víctimas y luego cómplices de normas y reglas y leyes y prejuicios que resultan abrumadores para el espíritu libre. Y cámaras en todos lados porque parece que el control (y el inminente voyeurismo público) sobre la gente es lo único capaz de excitar a la muy jariosa derecha (aparte de ir a confesarse por supuesto). Y en muchas partes parece que resultaría un poco innecesario, pues la gente ya se comporta como robots...
Pero eso es tema suficiente para otra ocasión...
The future is here!
¿Será que dejamos al presente atrás y ni cuenta nos dimos?
Madres...
jueves, 7 de agosto de 2008
A time to know oneself
Ahora, sin embargo, no hablaré de las enormes y evidentes diferencias entre aquí y allá. Eso sería demasiado sencillo y conformista. Y repetitivo. Y de hueva. Ahora que lo pienso, no entiendo por qué desde que estoy aquí me la paso hablando de otros, cuando en verdad siempre quiero hablar DE MÍ. Así que como les encanta decir a los psicólogos de por acá (que por cierto se sienten muy cabrones por tener un par de PhDs, nada menos), hoy me pondré el sombrero de blogero egoísta.
Desde que llegué me planteé la posibilidad de vivir acá un tiempo, intentar aferrarme a una vida primermundista. Y aunque no llevo mucho tiempo, mhhh, no lo sé, pero creo que no es tan fácil como parecía a la distancia. No es sólo una cuestión de dólares ni poder adquisitivo, es tantísimo más que eso. Es no poder expresarte al cien por ciento como quisieras, es no poder siquiera saludar de beso a tus amigas, o de mano a tus amigos, o de abrazo a ambos, si te da la pinche gana. Es la no posibilidad de levantarte un domingo al mediodía e irte en chanclas al tianguis a comer fritangas por 30 pesos.
No, no quiero sonar nostálgico ni deprimido, porque nada más lejano a la verdad. Es justamente eso de lo que consta todo esto: tener que estar lejos, para poder sentirse cerca de nuevo; ser ajeno para volver a pertenecer. Viajar 12,000 kilómetros para tener una buena perspectiva de nustra persona. Y para extrañar horrores a los míos.