domingo, 13 de abril de 2008

En un momento de epifanía

Así es, envidiosos. Me voy a Coachella.

Y me compraré un Zune de 80 GB, que vaya que me hace falta. A mi exhausto iRiver le dura 20 minutos la pila... pobrecito, después de una muy noble vida de casi 4 años le tocará un retiro sobremanera honroso.

En fin, ahora que he bailado como Ian Curtis (sí, es mi trauma del momento), todo es más claro, casi prístino. Es que el flujo de sangre hacia los brazos despeja la mente de tanta pendejada. Qué bueno que no veo la tele nacional, porque entonces tendría que bailar TODO el día. Y sería exhaustivo. Aunque al menos no tendría que hacer mi rutina de Arnel Ricafranca.



Bueno, suficiente BS por el momento, yo sólo quería capturar una reflexión que traigo atorada desde ayer, inspirada por el mismísimo Nip/Tuck. Hubo un episodio situado en el 2026, y básicamente habla sobre el reencuentro entre personas, algunas cercanas, algunas distantes.
Como aquel capítulo de Los Simpson cuando Lisa casi se casa.
El punto es que hablar del futuro emana necesariamente una cierta nostalgia hacia el pasado y hace ver el presente desde otra perspectiva. Yo pensé en todas las personas que han pasado por mi vida a lo largo de todos estos años, obviamente algunos dejan una impresión más duradera que otros. ¿Será fácil borrarla? Pues todo dependerá, supongo. El caso es que, ¿cuántas veces pasará que conoces a alguien, cercano o no, y lo ves por última vez en tu vida, ignorándolo por completo? Mejor así, ¿no? O al menos más fácil. Qué horrible vivir pensando en despedidas todo el tiempo.

Es mejor dar bienvenidas. Como a mi sobrinita Palomita, o a mi lavadero.

Ahora el próximo fin se vienen muchas oportunidades de lo que presiento serán despedidas especialmente dolorosas en Aguascalientes, ojalá fueran sólo holas y ningún adiós. Pareciera que fue ayer cuando fui ahí por primera vez. Excelente comida, mujeres guapas, todo a 10 minutos de distancia. Aunque sean panistas y mochos, los quiero en verdad. Ahí mi cuate encontró el amor. Yo también lo encontré, y decepción y más amor e intriga y amor perenne. Así que aunque haga un chingo de calor, he de reconocer que los atardeceres sí son bonitos. Los amaneceres no sé, nunca me he levantado tan temprano como para ver alguno...


Te amo, Rocco. Y estoy orgulloso de que seas quien eres y que pienses como pienses y que hables de tí en segunda persona como un cliché tan pendejo como todo los demás. Salud!


2 comentarios:

Pip3n dijo...

Yo también te amo y te mando hartos besos.

pumarosa dijo...

jajaja hola nuevo lavadero....esa es la actitud....super que vienes, pensé que ya te andabas rajando...mmm y saaabe, si son dolorosas las partidas....y mas cuando ya no sabes que es la última vez que los ves....y lo digo así en general...por el simple y estricto significado, no por nada en especial