jueves, 31 de julio de 2008

On a day like today

Caminaba de regreso a casa. Hacía un puto frío de la chingada. Las manos entumidas, la espalda cansada pero agradecida de que ya sea fin de semana. Lo que allá sería una insufrible hora pico, acá anuncia la prematura retirada de automovilistas hacia sus casas. Probablemente a cenar pollo con papas a la francesa con salsa BBQ, o a emborracharse desde el miércoles. En unos minutos, el centro parece una ciudad fantasma. Edificios a medio iluminar que dejan ver la opulencia de un país ruralmente rico, subpoblado y con una pobre identidad colectiva. Uno no puede sino preguntarse cómo chingados vino a dar a un lugar tan lejano, tan diferente. Pero esto es lo peor, y ya está terminando. Los días se harán paulatinamente más largos. La alberca será una opción más latente con cada día que pase. Y los días de Arnel Roccofranca se antojan demasiado próximos.
Por cierto, acá ya es 31. Pero allá sigue siendo 30. Y por supuesto, no lo olvidé. Felicidades, querido Zombo. Tal vez me adelanté un poco, pero mientras tú te disponías a salir de la casa, yo ya estaba brindando en tu honor.
Son las concesiones del horario.
Un abrazo.

lunes, 28 de julio de 2008

La nueva madriguera del león

Definitivamente la paciencia paga, y en algunos casos, la suerte también ayuda. Sea como sea, estoy en un estado de euforia y relajación absoluta que en nada ayuda al hecho de que tengo que entregar un ensayo dentro de 43 horas.

Efectivamente, ya encontré un lugar dónde vivir. En verdad pareciera que el destino me sonríe cada vez que necesito algo con verdadera premura, porque ahora justo cuando empezaba a desesperarme por no encontrar nada que me atrajera lo suficiente, me topé con una oportunidad que muchos quisieran... a partir de mañana, viviré sobre la avenida principal de Canberra, Northbourne, a sólo 4 calles de la universidad. No quisiera entrar en detalles irrelevantes y por demás somníferos para ustedes, así que sólo diré que tendré a mi disposición portero, alberca con clima, gimnasio, sauna y terraza con asadores para cuando el clima me permita enseñarles a unas cuantas personas cómo los mexicanos disfrutamos las comidas al aire libre con los amigos.

Antes de ir a ver el lugar, Simon, quien será mi roomie, me escribió que, si todo salía bien y yo resultaba ser a nice enough bloke, no habría problema para mudarme al lugar. Como obviamente yo estaba muy interesado, estaba algo preocupado pensando cómo diablos iba a demostrarle a este tipo que sí soy un tipo decente, y suficientemente cool (en el anuncio decía que prefería a alguien de entre 18 y 25 años) en algo así como 5 minutos. ¿Hablarle de cine? ¿Enseñarle el contenido de mi Zune? Mmmta qué difícil, cuando no tienes ni idea de las expectativas que tienen. Pero al final todo resultó muy fácil porque en cuanto me enseñó el depa ya hablaba en un tono como de que ya se veía viviendo conmigo.

Después del tour por las instalaciones del lugar, y establecer las muy convenientes condiciones del no-contrato, amarramos el trato. Salí de ahí con el corazón lleno de una emoción indescriptible: venía caminando rápido(ya ni siquiera cojeaba), sonriente, con una sensación de indestructibilidad (sí, sí existe la palabra). El frío no importaba; ahora cantaba más fuerte que nunca. La escuela dejó de importarme súbitamente, la vida vuelve a ser exhuberante y placenteramente impredecible. Sí. El Rosco está de vuelta, un poco traqueteado pero con más ánimos que nunca.

El número 74 de Northbourne anuncia James Court.

I am the king of all I see. My kingdom for a 500 thread-count sheet set.

domingo, 27 de julio de 2008

Snowboardeando por las nubes

Ahhh muy anunciado, muy esperado, poco planeado y magistralmente ejecutado.

Así fue el viaje a esquiar que tuvimos en Fallscreek este fin de semana. El jueves en la noche se acabó de definir todo y no nos quedó más remedio que asistir puntuales a nuestra cita con el destino. El medio de transporte (lo más improvisado de todo) resultó una camioneta Kia Sorrento, propiedad de un suizo que yo pensaba medio mamón y niño rico pero resultó ser a toda madre.

Fue un largo camino de más de 6 horas, algunas paradas y mucha adrenalina; estábamos violando la increíblemente estricta ley australiana al ir 6 en una camioneta para 5 (un polizón en la cajuela). Y eso lo hizo aún más especial.

Como si los asistentes supieran inconscientemente lo que pasaría en las siguientes horas, todos se subieron en el asiento trasero, dejándome como responsable de copilotear, cambiar de música y abrirle las botellas al conductor. Algo raro, con eso de que yo iba del lado izquierdo.


Tuvimos que regresar un momento porque se nos olvidaba la música (o sea mi Zune); sólo por si acaso, pensamos, pues Felix (el suizo, no el gato) traía su ipod en el coche, así que no habría problema. Ohh sorpresa, resulta que su ipod no tenía nada de pila. Ya después me di cuenta de que fue mejor así porque el cabrón traía puro trance y madres electrónicas, buenas para un rato pero que después de media hora en el coche ya sólo te hacen pensar en estrangular a quien se deje.

Momentos mágicos, que esperaba desde hace 6 años. Toda la emoción de ver materializado finalmente el sueño recurrente de mucho tiempo, hasta que me di cuenta que esos 6 años son en efecto MUCHO tiempo y que a uno se le olvidan las cosas por más que uno crea que las tiene más que dominadas.

En conclusión, bastantes madrazos sobre el snowboard, demasiado frío para intentar ir a las pistas negras (sólo para expertos y/o fanfarrones), nalgas entumidas y un labio sanguinolento.

Pero eso no fue todo. En un alarde de inexplicable tronquez me torcí el tobillo al bajar del lift. No lo sé, podría ser un esguince pero la verdad lo dudo mucho, ahora puedo caminar sin problemas aunque sigue habiendo un poco de dolor.


De vuelta a la tierra, supongo. Uno no pertenece ahí, y la nieve no perdona.


¡Esperen! La historia aún no termina, pues había un largo camino de regreso por recorrer. Nuevamente a todos les encantó la idea de que yo siguiera adelante, responsabilidad que nuevamente acepté gustoso. Y he de decir que aunque el regreso invariablemente resulta más tedioso y deprimente que la ida, la libramos con bastante gracia. Una selección musical impecable, justo como en la ida, que vio pasar una gran cantidad de músicos iberoamericanos (i.e. Café Tacuba, Caifanes, El gran silencio, Manu Chao aunque sea dizque francés, Juan Luis Guerra, Kumbia Kings), la cual gozó siempre de gran aceptación y que siempre fue ad hoc con los ánimos de los presentes.


El momento estaba anunciado. Los ánimos y el cansancio lo exigían. Finalmente, hizo su aparición: mi itotele, que tanto trabajo costó traer desde México, hizo su aparición. Primero discretamente, pero subiendo de tono casi imperceptiblemente, fusionó su sonido con las bocinas de la Sorrento, hasta llegar al punto en el que todos lo exigían. Al cambiar de música, sin embargo, mis habilidades de percusionista se vieron exigidas (y juzgadas) como nunca antes: había un público cautivo y sediento de ritmo y sabor.

No quiero seguir con mi interminable choro como de costumbre, sólo les cuento el clímax: ante la petición de The Man Who Sold the World, del Unplugged de Nirvana, acompañé la canción de tal forma que la ausencia de David Grohl en la batería ni se notó. En un emotivo final, obtuve el reconocimiento de todos, que hasta aplaudieron en aprobación absoluta de mi interpretación. Y significa mucho, porque vaya que el público europeo es complicado.

Sí, un cuerpo abatido y cansado, pero con el ánimo por los cielos. Fue una experiencia difícil de olvidar.

¿Fotos? Claro que las hay. Lo que no hay por el momento es la forma de pasarlas de mi obsoleta cámara a la laptop, así que pido paciencia. Ya las compartiré uno de estos días...

jueves, 24 de julio de 2008

Las intermitencias del ocio

Ok, con esas malas experiencias completamente fuera de mi organismo, puedo continuar ahora con mis relatos.

Pues resulta que el sueño de los no adictos al trabajo se volvió realidad para mí: mi fin de semana es de 5 días y tengo clases sólo 2. Así es, sólo los martes y miércoles requieren mi presencia en la universidad, y el resto de la semana, mhh puedo hacer pretty much lo que me dé la chingada gana. Lástima que sea tan ñoño y desidioso y tenga que estar viniendo a la biblioteca (no es que me encante estar en el hostal, tampoco) para adelantar mis pendientes para la próxima semana.

Pero como ahora no veo la necesidad de andar de matado, contaré algunas cosas que me han llamado la atención desde que ando por acá. Se trata básicamente de señalar algunas diferencias culturales que muchos ya habrán experimentado si han vivido en otra parte alguna vez. Y si no, no worries, que para eso está el Señor Rosco, para informar, entretener y (si es posible) pervertir.

Como ya había narrado hace unos días, para empezar eso de la multiculturalidad es una mamada y un eufemismo, lo equivalente a decir que comprar un montón de ingredientes en el súper es tener un banquete.

Por razones evidentes, la gran mayoría de los inmigrantes (temporales o permanentes, trabajadores o estudiantes) es de origen asiático. Y así como contaba sobre el racismo y la "discriminación" de parte de los güeros, debo decir que ellos (los asiáticos) ponen mucho de su parte. Resultan ser excluyentes, cerrados, conservadores y con un puto acento que no se entiende un carajo. En pocas palabras: cagantes.

Evidentemente, no tendría por qué arremeter contra ellos, si finalmente yo mismo tengo ancestros de por esos lares. Pero he de decir que todo lo cultural (afortunadamente) se quedó en algún barco o se perdió contra los muy dominantes genes mexicanos (no usaré la palabra latinos porque me súper caga). Porque evidentemente, absolutamente nada que ver. Y gracias por mi acento de serie gringa de televisión, porque si no estaría en este momento haciendo el nudo para colgarme de la lámpara de la biblioteca.

Como sea, todo esto iba a la limitada oportunidad que uno tiene para ser sociable, a pesar de que a todas luces tengo una personalidad más extrovertida que la del 98% de las personas en esta universidad. (¿Por qué será que nadie canta en las calles? ¿Es que YO soy el raro???). Los de Singapur, por decir un país, terminan invariablemente con los de su misma estirpe, y lo mismo pasa con la abrumadora mayoría de las personas. ¿Para qué se van de intercambio entonces? me pregunto yo. Se ve que no tienen intención de trascender sus fronteras culturales y lingüísticas. Con razón hablan tan jodidamente mal, si se la pasan hablando en su idioma todo el tiempo.

Y bueno, hablando un poco de los australianos, he notado que mis compañeros de maestría ya se ven todos aseñorados, de traje y toda la mamada. Hasta me ven raro, llegando de jeans y playera; una inspección más a detalle, no obstante, revela mucho más que lo que se ve a simple vista: no son tan metrosexuales después de todo. De hecho tienen bastante mal gusto para vestir porque les encanta, por ejemplo, ponerse un traje negro con calcetines cafés. Pero basta ya de pendejadas, no estoy aquí para andar con chismes baratos. Para eso hay en la tele cantidad de programas pendejos. (Y no se apuren, ya habrá tiempo de hablar basura de los hindús jajaja).

Ahh por cierto, ayer me topé con 2 animales raros, viviendo en un árbol a orillas de la universidad. Le sacaron un buen susto a un cabrón que iba pasando jajaja. Le pregunté el nombre y me dijo que se llaman possum. Lucen algo como éste:

Sí, se trata de una zarigüeya (o tlacuache), pero se veían bastante más repuestas que las que hay en el jardín de mi casa. Con razón no las reconocí...

Ahora es tiempo de salir a la intemperie a estrenar mi ropa térmica. Está de poca madre.

Frustración y antisemitismo

Tal vez algunos se pregunten por qué demonios ha pasado tanto tiempo sin que este blog siga creciendo como hasta ahora; en dónde demonios he estado metiendo la cabeza que ni tiempo tengo para mostrar siquiera algo de consideración hacia mis lectores y mi persona (yo soy mi lector número 1, por si no lo sabían).

La respuesta es simple y contundente: buscando un puto lugar para vivir. Y por ello me refiero a un lugar en el que por vivir ahí no tenga que sacrificar la mitad de las cosas que para mí constituyen una vida razonablemente decente (y sí, lo acepto, estaba acostumbrado a vivir excesivamente bien). Pues bien, hace un par de días andaba feliz porque finalmente alguien me aceptó para vivir en un lugar que me gustó bastante. Y bueno, no entiendo esa necesidad por sentirme aceptado porque era un cabrón que ni siquiera vivía ahí, simplemente era el pinche landlord, para quien mi dinero finalmente vale lo mismo que el de cualquier otro cabrón dispuesto a pagar AUD215 a la semana por un cuartote con cama matrimonial. Eso sí, con una tele como de 50 pulgadas de alta definición.

En algún momento de debilidad estuve muy muy tentado a aceptar y firmar ipso facto, pero mi lado razonable se impuso diciéndome que no hay necesidad de pagar tanta lana por un capricho pasajero. Y ni siquiera hay ESPN.

Al final, el pendejo este me estuvo presionando para que le pagara el primer mes y el depósito ya mismo, aún cuando me hubiera mudado hasta el primero de agosto. Eran como 1700 dólares de putazo, aparte de que quedaba amarrado por 1 año completo. Intenté negociarlo, y aunqué accedió a convertir el contrato en uno de 6 meses, me dijo que le tenía que pagar 5 dlls más a la semana por ser un contrato "a corto plazo". Nunca he favorecido el racismo ni la discriminación, pero ¿saben qué? Pinche judío de mierda, puede ir y picárselo con una jabalina al rojo vivo.

Ahhhhh that felt SO GOOD...

sábado, 19 de julio de 2008

¿Qué les pasa?

Así es, como ven, estoy de vuelta. There's so much to tell you, so little time...
De hecho hay bastante pero sigo algo ocupado buscando un depa para vivir y botar de una vez por todas las horribles maletas que traigo. Casi tan pesadas como las conciencias de muchas personas que conozco. Pero no estoy acá para hablar de conciencias, sino de lo que ha pasado en días recientes. Mhhh no, pensándolo bien, eso será en otra ocasión, cuando haya más tiempo para la ociosidad. Sólo de lo que pasó ayer.
Resultó que como era de esperarse, la llegada de una nueva camada de estudiantes significa que todos andan de un humor increíble, todos súper sociables y con ganas de conocer absolutamente a todo el que pase por ahí. Cosa rara, pues la mayoría vienen de lugares casi tan lejanos como yo, aunque la verdad dudo bastante que muchos hayan sufrido los niveles de tensión que yo experimenté en el viaje... el caso es que todos se ponen su maquillaje de entes sociales y abiertos y a huevo encajas. A mí la neta me daba un poco de hueva pero bueno, tampoco es tan malo; prejuicios aparte, la inmensa mayoría son muy buen pedo.
Como para variar desvarié, tomaré la ruta más directa: ayer fui con un flamante amigo alemán a una cena, organizada por una niña de las Islas Mauricio (que puso en tela de juicio mis polvorientos conocimientos geográficos...), de aquellos que presumen vivir a un lado de la universidad. Seres sobremanera afortunados y previsores. El caso es que la cena derivó en un "drinking game" improvisado (aunque todos lo veíamos venir, no nos hagamos pendejos), con un par de dados donde las reglas exigían chupar y chupar y ensañarse entre los participantes, algo bastante divertido para romper el hielo y (eventualmente) la vertical.
Un par de horas después llegamos al lugar, para variar pedimos otra cosa pero cuando fui a la barra a explicarle a la incrédula barwoman qué chingados es una cuba campechana con peras y manzanas (lo cual tardó no menos de 2 minutos), algo extraño pasó porque no aparecieron mis acompañantes por ninguna parte, sospecho que fueron secuestrados por un ovni porque en verdad los busqué en los 4 pisos del lugar y no aparecieron. Extraño, 2 días de conocerlos y ya les cago la madre, creo que es un nuevo récord incluso para mí.
Pero la historia no acaba ahí, de hecho todo esto fue el prólogo de otra de mis interminables historias.
Entendí el mensaje del destino, y la neta qué necesidad de seguir en ese lugar donde cobran AUD 7.50 por una cuba que hace ver al baraima como una bebida de lujo. Salí huyendo del lugar con destino a casa. Y por casa me refiero a un hostal, del cual no tengo casi ninguna queja.
Resulta que en el sótano del lugar hay un pequeño antro cuyo nombre no recuerdo ahora. El caso es que afuera en la banqueta hay mesas para los fumadores, y al pasar por ahí súbitamente decidí que la noche no había terminado aún. Probando suerte, me dije -a ver si es cierto que estos cabrones son tan a toda madre como dicen. Y sin más, me senté en una mesa donde, como había previsto, quedaron fascinados sólo con saber que vengo de un país del que seguramente no conocen un carajo.
Pero bueno, una entrada razonablemente rápida al mundo de los borrachos australianos. Para esto ya eran como las 2 am así que ya todo mundo andaba flameadón. O como me gusta decir, 'socialmente lubricados'. Bueno sin más conocí a otra mujer, que me dijo que esperara a sus amigos porque no conocían a ningún mexicano y seguro les iba a caer poca madre. Platicamos un rato y al cabo de unos minutos, fuimos de vuelta adentro. Ahí estuvimos baile y baile, aunque poco tardé en entender la fascinación: la niña esta estaba con el novio y otra amiga, la amiga que siempre queda haciendo el mal tercio, y con mucha razón. Era básicamente un cerdo. Y no de esos chistosos o simpáticos que me gustan tanto y que dan ganas de jalarles la cola. Nada de eso.
Bueno, como sea, sus aspiraciones románticas quedaron prontamente desmentidas, pero yo me quedé platicando un rato con el novio, un tipo guero con barba de hippie, el australiano promedio supongo.
¿Y saben? En este país se enorgullecen mucho de ser una nación multicultural, incluyente y evolucionada. Y hasta ese momento no podría haber estado más de acuerdo ya que todos me han tratado increíblemente bien, en cualquier situación. Pero acá las circunstancias eran otras, y con copa en mano, no falla: les sacas la sopa a huevo. Pensándolo bien, eso de ser confidente de borrachos se me da muy bien, debería buscar hacer carrera de eso. ¿Existirá el cargo?
Déjenme exponer el contexto: un antro pequeño, tal vez 100-120 personas bailando la predecible música pop que nunca pasará de moda entre la gente con gusto y neuronas limitados.
Pero ohh sorpresa, dónde quedó la multiculturalidad???? La armoniosa conviencia entre la gente de todos lados? Nowhere to be found, that's for sure. TODOS ERAN GÜEROS.
Así es, se las dan de muy chingones, pero en el fondo es lo mismo en todos lados. No se mezclan con nadie más, incluso ni con los güeros de otros lados.
Volviendo a la plática con el guey este, le hice la observación. Después de varios dimes y diretes que no vale la pena reproducir, tuvo que darme la razón: son racistas como la chingada, y tienen un sentimiento muy a flor de piel de que les están robando su país. Como si ellos no lo hubieran hecho antes a los pobladores originales que ahora sólo sirven para atraer turistas y aparecer en folletos que hablan de la gran multiculturalidad de Australia. Qué ironía.
Al final, todo se reduce a que la gran mayoría de la gente teme a lo desconocido, y pocos se aventuran a abandonar esa zona de certidumbre y confort. Lo bueno es que uno está acá como estudiante extranjero y no te ven como una amenaza. Pues deberían. Porque soy más cabrón que ellos. Y ciertamente bailo INFINITAMENTE mejor.

viernes, 11 de julio de 2008

¿Qué me pasa?

En efecto, cada vez falta menos. 3 días y medio para ser exactos, así que pensé que es un buen momento de escribir una de las últimas entradas en esta ciudad y este país.
¿Saben? Por una parte, he desperdiciado demasiada energía tratando de señalar los defectos e inconveniencias de vivir en esta ciudad olvidada por los dioses. Y vaya que hay demasiados. Pero por otro lado, todo este tiempo de vacacionista voluntario me han servido en demasía para aprender a valorar todas esas cosas que uno da por sentadas. Mi pretensión no es sonar cursi ni explotar ningún cliché, pero efectivamente, uno aprende a valorar las cosas cuando no las tiene, o en mi caso, cuando está a punto de dejarlas. Hoy por hoy, sé que lo que importa es vivir para ser feliz, no para quejarse, no para pelearse con la humanidad, y sobre toda las cosas, no para anhelar lo que no se tiene.
No tengo ni idea de dónde viviré, a quiénes conoceré ni si la maestría que elegí es la mejor opción. Pero sé que me iré a ser muy feliz, y ojalá, a contagiar a los demás. Tengo muchísimas expectativas que sé que serán cumplidas con creces.
Pendejeando en la página de la universidad, encontré una pequeña guía de orientación, donde hablan del llamado Shock cultural. Es esa incomodidad inicial cuando uno llega a algo totalmente desconocido, o incluso antes, todas esas cosas que uno experimenta en la antesala de un cambio de tal magnitud en nuestro estilo de vida. Afortunadamente yo ya pasé por ello una vez cuando me fui a Suecia, y en ese sentido no me espanta. Pero aún así, ahora que lo pienso lo único que siento es una inconmensurable emoción ante lo que viene, tranquilidad y gratitud. Justo ahora estoy al borde de las lágrimas de la felicidad que siento, y quisiera que todas las personas experimentaran esta sensación alguna vez.
No hay nostalgia, ni remordimiento, mucho menos tristeza.
Ni el ayer ni el mañana importan.

martes, 8 de julio de 2008

Para la posteridad

Tengo que escribirlo antes de que se me olvide. Es que lo que leímos hace rato es una perla de sabiduría como pocas. Y tan poderoso es su mensaje como efímera su memoria.


Pues resulta que estaba buscando un libro de viajes, preferiblemente un Let's go: Australia o de jodido el Lonely Planet. Ingenuamente me alegré al ver un letrero que indicaba un descuento del 15% justamente en las guías para viajes, con vigencia hasta hoy. Chingón, qué afortunado soy -pensé- aunque muy poco me duró el gusto. La única guía de Australia era en español, y al ridículo precio de 650 pesos.

Como una visita al Sanborns no puede estar completa sin la infaltable hojeada a una revista, o en nuestro caso, un libro porque estaban más cerca, procedimos con el riguroso fisgoneo...

El ejemplar al que me refiero tenía algo, un halo, un aura que parecía tenerlo suspendido sobre el estante. Un extraño magnetismo guió nuestras miradas hacia él: ahí estaba, orgulloso, posando justo al nivel de los ojos, desafiándonos.

El título era algo así como Te desafío a prosperar, obra de uno de los autores más leídos en nuestro idioma: el único, el inigualable Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Al abrirlo en una página al azar, nos encontramos con las 2 líneas que me inspiraron y decidieron a escribir estas otras. Les pido respirar hondo porque estoy a punto de develar ante nuestros ojos la que podría llegar a convertirse en una de las frases más trascendentes en la historia de la humanidad:




Mito: tu esposa es un ser tierno y dulce.
Realidad: tu esposa es la versión joven de tu suegra.



Sin demasiadas palabras, te pido una disculpa, Carlos Cuauhtémoc (si me permites hablarte de tú y si no me vale madres) si es que alguna vez he hablado mal de ti. Eres una riata.